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Quedar con la palabra viva,
Absorto con la idea flameante
Y ser apagado por la insipidez
de un interés dudoso, vacilante.
Tener deforestaciones en el ser
Sentir que nuestras errores sangran,
Y morir ahogado al creer
!Qué otros en el dolor nos acompañan!
Siendo nuestros martirios
anónimos...
Al filo del suicidio,
entendiendo a la muerte
como el frio que carcome los segundos,
segundos que nos salen por los poros,
piel de sangre,
alma de carne,
al margen de un derroche irreversible,
ese que nos hace observar
nuestros pasos aún sangrantes,
entre senderos carentes de claridad...
Somos almas con cuerpos sedientos,
somos vidas que fenecen junto al viento,
la ceniza de cada segundo,
la avaricia suicida que consume a este mundo,
somos el miedo de un hueco perdido,
vacío que reclama el diluvio,
tristeza de un mar inerte,
su belleza petrificada
por una soledad permanente...
Camino furtivo,
con mi rencor aterciopelado,
reñida aureola amanecida,
distante,
aun azarosa, engullendo milagros,
ilumina el zozobrante motor de mi cuerpo,
sus mecanismos encriptados en mi mente,
engranajes de una elocuencia inmarcesible,
bonhomia que desprendo
para concretar un sueño justo...
Caminando a pesar de los días,
sendero hambriento, casi risueño,
que disfruta con ansiedad
cada gota de sangre
en las indómitas fauces de su suelo,
tenebroso ingenio que supura cada rosa,
envenenando la penumbra que nos cubre,
dueña de un negligente y oscuro mártir,
que se refleja tímidamente...