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Me contengo para agraciar a mi sombra,
el desprecio me sobra,
fina línea que nos separa,
por sentido, algún respiro fatigado,
desdoblando la historia,
desdibujando toda gloria,
bienaventurada se mece la agonía
en los umbrales aún suicidas,
intentando en sus penumbras,
aún heridas,
aún mi vida...
Cuando emerge incoercible la luna,
las nubes se esconden junto al horizonte,
lasitud de un sol acaramelado,
dulzor poético,
sollozo astral,
melancolía que se derrama
ante un cielo, ahora carmesí,
despechados,
aun con el temor de amar y ser amado,
nos cubrimos en su velo,
semblante risueño...