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Somos seres que crean dolor,
somos cuerpos afligidos
que buscan en la muerte algo mas,
que buscan en la vida algo inexistente,
somos temple si se quiere,
de sabio orador,
que no cumple, que no es ejemplo a seguir,
somos cuentos, permanentes,
en las costas del tiempo,
de una eternidad que nunca...
En un mundo
donde el placer es culpa,
aún aletargada la felicidad,
por su carencia y no por respirarla,
en un mundo
donde el deber es regla,
y su falta empobrece al hambre
de cualquier estómago ajeno,
a la esclavitud que se nos alza
aún muertos,
y a la muerte se les aprecia sus huecos...
Una promesa ahora vacía,
arde quebrada entre la eternidad,
su fuego oscurece a la tierra,
luchan con corazones de obsidiana
aquellos que no les ciega el miedo,
aun el tiempo los consume en lejanía,
separados del rutinario quebranto,
mortuorio sendero
hacia un inframundo que ahoga,
arrastrando...