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No da tregua a sus pies, que descuentan los segundos,
sin más afán que el cumplir con el deber de querer ser, aún sin hacer
Nada detiene el ímpetu de la sola obstinación,
salvo aquella milimétrica y dulce mirada, en un instante no intencionado
Y se detiene el reloj, por una simple e infinita...
De la nada espectral, envuelto en conmoción, incertidumbre y presunción,
vi pasar y muchas sombras de oscuridad llegar, por enclave estrecho y mortal,
un juego de dados en impares piezas al azar, marcaban el sentido del aquel lugar crucial.
Pensé que nada puede albergar vida en aquel espacio...
Abrí mi mente a tus palabras llenas de fuerza y realidad. Ojalá muchos tuvieran esa lucides para expresar la verdad y el sentimiento.
un gusto pasar por tu espacio.
Pablomar.