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Desde que las alas tienen
reflejos negros del alma,
desde que el dolor ensalma
los sentimientos que vienen.
Desde que ya no hay estrellas,
y tus letras son agravios,
se convierten en sudarios
para cualquiera de aquellas.
No te temo, no te alisto
en mis amigos del alma,
no me robarás mi calma...
Explorando tu espacio
me llueven luces con alas
extraviadas entre las nubes
de tus ojos.
Desciende tu frente a mi pecho
y dormído en mi regazo
como en el lecho,
aspiro tu aroma infinito
de almizcle, rosa y jazmín.
Y tras los visillos
la luna se crece,
besando tus ojos azules
con reflejos de mar.
Se adueña el miedo
de los pasos de mi mente
y el subconsciente
toma el relevo.
Intento fallído
pensar en estrellas y lunas,
en campos verdes
y verdes trigos.
Campa a sus anchas
por el laberinto de la inconsciencia
se retrepa, agazapa,
mientras acecha.