Historias, verdades para no contar. Un infinito atrapado en este puño que mis dedos desmigajan. Amaneceres prometores y ocasos prematuros. Tristezas iindetectables que se regocijan en una alegria visible, en carcajadas anchas que desbordan a un corazón atado, ceñido por su própia historia, sin embargo, mira al frente porque aunque crea que he muerto, la razón. la esperanza, la fé, la insistente rebeldia de creer en este mundo, sigue y continuará diciéndome que estoy viva.