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Dicen que un río verde se pasea por el iris de su ceguera, que asecha la caminata de los manantiales secos y que su rostro es una costra de cemento y hollín. Dicen que habla con las pulgas de su espalda en las largas tardes de julio, esperando convencerlas de sus verdades y claudica cada noche...
Sangra en la zanja la noche menguante, empapando el canto de las ranas. Dos culebras son una caravana de costillas enredadas en el sexo, un ratón es el voyeur de la muerte, mientras salivan las uñas del gato que vuela desde el techo del rancho que ronca, que respira y no existe.
Una lombriz de madera rumia médanos en mi cabeza, arrastra su barriga de arroz
hasta el lupanar de la sordera, donde ángeles venden su sexo a treinta monedas la noche. En la sala cerrada y oscura veo el fueguito verde de los ojos del gato.
Hinchada, como libro mojado, está mi memoria...
Sus dedos reptan, recorren los surcos del piso como llovizna menuda, buscan el amor que dejaron caer, que estalló en millones de pedacitos de vidrio y carne, buscan recomponer en orden geométrico cada uno de los fragmentos, pegarlos con la saliva de su último beso, fusionarlos al agónico grano...
Pegada a la escalera, está tu sangre y la sombra grita en la esquina, se arranca los labios de un tajo para callar toda la madrugada posible, el humo pesa a esta hora, cuando llegan los ladrones de la luna, el olor de tu mirada gravita en este recodo de concreto y tierra. Hace rato abandonaste...
El sol me cruje en la espalda, sobran muelas para tragar la saliva que cristaliza en mi garganta, los ojos se fueron de paseo a mirar la dicha que le negaron a mis piernas, ellas están clavadas en la arena de viento, rodeando mi sexo está tu aliento, helado como siempre, deseado como nunca, un...
Me ha volteado el cuerpo para colgarlo al sol, está nublado, quizá el viento seque la humedad que le pesa , allí suspendido en la ventana es la bandera de los gatos, estandarte de las palomas, insignia de la pérdida y la sonrisa. Me han volteado el cuerpo y cuelga de las pinzas, es el único que...
Voy en caída libre desde sus ojos
rodando pestaña abajo
cómo piedra diluida en gotas de sal
con el vértigo en la garganta liquida
a la velocidad de la tristeza.
Entregada a los poros abiertos,
me evaporo con el viento de la tarde
enfriando la mejilla y el alma
seré hermana de las nubes
y me...
Una lombriz de madera
rumia los médanos de mi cabeza
arrastra su barriga de arroz
hasta el lupanar de la sordera
donde los ángeles venden sexo
a treinta monedas la noche.
La sala está cerrada y oscura
veo el fueguito verde
en ojos de los gatos.
Hinchada,
como libro mojado,
está mi memoria...
Me amarro a tu cintura de escarcha
con la trompa del elefante muerto
cabalga mi lengua tus poros
cayendo en el abismo de tu nuca,
hay árboles enteros
que persiguen mis pasos,
corro huyendo de mis piernas
que descansan a media tarde
y alcanzo con dedos de mantequilla
la tibia humedad de...
"Las sardinas" es la imagen que uso para referirme a los habitantes de los barrios pobres, los cuales deben bajar de los cerros en las madrugadas al trabajo en vehiculos donde van muy apretados, como "sardinas enlatadas"