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Mercurio, oh, amado
que vives en mi mente.
Girando y pensando
que te amas a ti solamente.
Que la luz no llene tus sombras,
ni la oscuridad encante tus oídos;
que para las flores están mis ojos,
y para tu alma mis latidos.
Tú que te alimentas
de la flora de las almas,
tú que tanto amas
el fuero...