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Las luces del bar vaciaban tus ojos paisajistas,
un arcoíris falto del color de las flores hermosas
esa mirada era el lienzo de un artista
yo un observador, un cazador de mariposas
Tus pies escalaban un pentagrama de notas musicales,
dulces movimientos de la hipnosis
sensual...
Hay un parasito viviendo en mi sangre,
con antenas transmisoras de recuerdos,
mordiendo por encima de mi pecho,
reproduce repentinamente mis anhelos.
Obedezco a diario sus deseos,
sus picaduras escuecen,
pero al rascarme me llevan al cielo,
no puedo dar muerte a este vil insecto...
Me he perdido por campos llenos de días soleados,
labrado la mala tierra de una cosecha de infortunio,
he visto en mis ojos la simiente de una mala hierba,
mi siembra es cómplice de la luz del plenilunio.
He rasgado en mi pecho surcos llenos de mala tierra,
fertilizado mi cabeza...
No hay nadie a quien olvidar. Te construí como respuesta a todos mis amores frustrados, tu razón de existir motivada por mi desilusión por no haberte encontrado.
Te formaste a rienda suelta como cuando el viento mece el suelo en otoño y pinta las calles de hojas muertas.
Y yo jugué a ser...
Aparentemente la locura se está apoderando de mí. Vivo encerrado en un ático sin puertas con una sensación continua de Deja vu.
Mutilado de piernas y brazos, condenado a vivir en pensamientos, dilapidado por quejas, preguntas y respuestas al viento.
Aquejado de miles de des virtudes...