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De repente se pone gris el día.
Llueve, el cielo descubre mi intención.
Me voy, parto lejos de tu adicción;
de tus besos, que avivan mi agonía.
Poca cosa te fué mi compañía.
Adiós, guárdate tu falso perdón.
Llevo conmigo esta gran decepción.
Qué mal te paguen, es mi letanía.
Me alejo de tí...
Silencios perdidos,
tiñen de transparencia al sol,
percibimos el frio de la eternidad,
como moscas,
revoloteando en la podredumbre,
como motas,
cada una cayendo en el lugar indicado,
se conmueve la liturgia de la vida,
por el sufrir permanente,
nunca por la bondad,
por la honestidad...