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!Son espinas las palabras de su adiós!
Capaces mis escudos lanzan
su armadura de piel
y a esta le caen efluvios
de rosas marginadas
!Viví acechando la sombra inexistente de un idilio!
!Ay, el amargo sabor primaveral de un desamor oculto!
Huesos negros,
de fiero metal,
fuego áureo,
entre metálico fulgor,
del cráneo emulado,
nacen nuestras primeras revelaciones,
como sociedad artificial,
como una naturaleza con principio,
se rigen las leyes por la fuerza,
y el conocimiento por los tiempos,
de seres curiosos, vivos,
enfermos...
Laguna de espejos,
se refleja la noche desde el centro,
arriba, donde el sol fue reflejo,
se tiñen las estelas del olvido,
como promesas taciturnas,
diurna codicia divina,
cima del placer espiritual,
se mecen las estelas entre arboledas,
ahora que descienden los dioses,
ahora que desciendo...
Ventisca inaudible,
gimen entre mimbre las olvidadas,
como hadas,
encerradas en una fantasía sustancial,
árbol ancestral,
observa la apatía de las luces,
aún etéreas,
aún reflejan su ilusión,
convencen a los vivos
de la fluidez que separa nuestros mundos,
como caudal que conduce a la calma...
Agujas de un tiempo que late,
aquel que aún
marca el compás de mi cuerpo,
somos segundos
en un mar que se rige por el caos,
enclaustrados por un abismo
que se separa de toda comprensión,
somos intentos
de una batalla que carece de sentido,
la dualidad se mantiene intacta,
las injusticias...