Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Dama de acero,
embelesada mi alma,
no titubean tus sentidos al atravesarme,
resquicios de mortandad entre tu piel,
finjo desangrarme,
entre tus brazos aún firmes,
tu mirada de obsidiana,
perfidiando toda monotonía,
caigo a tus pies,
mis lamentos me acompañan,
para volver cuento mi...
Y nos desprendemos
como plumas de un temor sereno,
aún condicionado,
alas trascendentales
que limpian los senderos del destino,
barren nuestros cuerpos,
como hojas en el viento somos olvidados,
el semblante que nunca fenece,
huellas de un mundo perdido,
somos autores de esta contradicción...