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Cuando el aire sabe a reflexión,
a flagelo indomable,
de tiempo soterrado,
con nuestras costillas, encarnadas
en nuestra sangre,
cuando el cielo no alumbra,
ni las estrellas en las noches,
ni los amores eternos
en las tempranas mañanas,
cuando el poder pierde su equilibrio,
y los horizontes...
Amarga soledad,
de esas que te dejan roto,
con ansias que carcomen la existencia,
de a poco
vamos ignorando hasta nuestra sombra,
dejando que todo sea oscuridad,
no reconocemos el llanto de una madre
porque ya no estamos vivos,
ni negamos que exista la felicidad,
bajo la cornisa divina
no...