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Mi espíritu siempre deseoso de su propia humillación
para poder sentir algo verdadero.
Me tocó ser la bailarina que siempre estaba contra la pared,
la que quería la noche, porque la noche era mujer.
Quería imperfectos,
crudos colores,
la anarquía de la cama.
Comer restos de las flores muertas...