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“He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz.”
Jorge Luis Borges
Terribles celajes
devastan el alma,
la exigua ventura
se vela en desgracia.
De satisfacciones
la mente está opaca,
y de mil desdichas
la sien angustiada.
Llevo del fracaso
la cara pintada,
y...
La luna en tus ojos,
tu pecho en mi mano,
arena en tu piel,
sabor a verano.
Mirada brillante,
y yo, ilusionado,
el sol perfilando
tu cuerpo dorado.
Y fue de repente,
la tarde, al ocaso,
sentados de frente
al Mediterráneo.
Tormenta en tu pelo,
el viento temblando,
locura en el mar,
el cielo un...
Bajo las estrellas,
hago un soliloquio,
en el que recito
mis versos más hondos.
Le canto a la luna,
al cielo le elogio,
exalto a las sombras
con júbilo y gozo.
Hago un panegírico
a modo de encomio,
lleno de lisonjas
en alegre tono.
Al tardo crepúsculo,
al silencio sordo,
al ocaso pleno,
y al...
"En la oscuridad, las cosas que nos rodean no parecen más reales que los sueños"
Murasaki Shikibu
En noche cerrada,
envuelto entre sombras,
un mundo irreal
gozoso me asola.
Cubierto por sábanas
de seda que arropan
la falsa quimera
de vida pomposa.
Letal espejismo
de ilusiones ópticas,
objetos...
Postrado de hinojos
en las altas horas,
cruzados los brazos
en la noche lóbrega.
Contrito el semblante,
la piel sudorosa,
ardiente la sien,
la cabeza loca.
El cuerpo desnudo
privado de ropas,
desnudo hasta el alma
lo cubren las sombras.
Las sombras que acuden
como atroces hordas
turbando el...
Aceitunero
Dos olivos verdes
llevas en tu cara,
tienen aceitunas
color esmeralda.
Tus ojos me miran
doquiera que vaya,
tú me los clavaste
como dos espadas.
Me apresan, morena,
tus pestañas largas,
y yo aceitunero
soy de tu mirada.
El patrón que me habita
deudor que paga nunca,
cacique que me manda
jamás hizo fortuna.
Su hacienda está en mi mente,
con angustia me azuza,
a laborar su campo
jornadas de penuria.
Yo, fiel sindicalista,
aun con mi cara mustia,
hago huelga de celo,
trabajo como nunca,
así lo iré arruinando...
A un buen compañero
de viaje.
¡Ay mi Manué
cuánto me aguanta!
Siempre me espera
cuando me falta
ese resuello
en la montaña.
Y allí en lo alto,
entre las jaras,
me da su mano,
esa tan franca.
¡Ay mi Manué!
si me parara,
¿si tú quisieras
que una miaja
fuera contigo
sobre tu espalda?
Pero si muero...