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Les comparto el noveno capítulo de mi novela policiaca.
Con esta nueva información ya tenía, más o menos, un rumbo que seguir.
Ahora conducía en sentido contrario y a velocidad moderada.
Tenía que volver al arrabal. Era el único lugar dispuesto a darme respuestas, a recordarme felicidades...
Días duró la gresca. Ni la policía pudo controlar la fuerza de los trabajadores. Exigían ajustes salariales. Al fin se sentaron. El palo ¿tuvo efecto? Corrieron las firmas. ¿Qué hubo con las letras pequeñas que dispersan todo como el humo?