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Los toscos ruidos del cuarto me despiertan
de mi trance voluntario para no dormirme.
El ruidoso silencio del diablo y su aliento
me infectan cuando escucho el último suspiro,
no de él, sino del muerto vivo que resguardo
hasta que se canse de vivir en este infierno.
Yace en la cama de dos plazas...
Dos copas,
una vela blanca
y una botella
de vino tinto añejo,
enfrente de mi
portón de hierro.
No escatimaron
ni un billete
en su carta de
presentación.
Al día siguiente
la mañana me sonrió
burlona
con una paloma
muerta
adentro de mi patio.
Sus entrañas estaban
muy frescas
y su sangre goteaba...
¡Sal de la tumba Jane!
Crepita bajo la tierra
tu corazón
y tiembla la luna
de sangre
en las noches
de terror.
¡Sal de la tumba Jane!
grita el aire entre los
cipreses del cementerio
Y las lápidas reflejan
los rayos blancos
que pareces cuchillos
afilados.
¡Sal de la tumba Jane!
llegó la hora...