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Poeta del tiempo,
de suelo latente,
de eterno segundero,
poeta del viento,
de letras que encajan
en los engranajes de la tierra,
poeta de cientos,
nadie lee los lamentos
que lamentan los necesitados,
poeta de tiempos terrenales,
no se alimenta al muerto con ideas,
ni los mares saben de almas...
Ignorando cada grito del silencio,
cada ventisca que abruma al tiempo,
por no poder enclaustrar memorias,
en los umbrales de la eternidad,
no podríamos condensar la suerte,
porque no hay recuerdo
que con temor se nos ausente,
ni cordura en el segundero del presente,
todo se rige por el caos...
La indiferencia nubla nuestros recuerdos,
nostalgias de tiempos mundanos,
cyborgs de sangre eléctrica,
carece esta ilusión de sentido alguno,
despertando
entre un panorama irreversible,
despidiéndonos de la realidad,
lo que captamos se refleja
como una distópica sensación
de un horror...