Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
De odio corroídas mis entrañas,
de silencios torrenciales
en la cotidianidad aciaga;
dilapidó mi ánimo el bravío macho.
En soberbia de sus acciones embebido,
improperios no bastarle al dirigirse a su público,
público a quien dicha debe.
¡No os sorprendáis ante el desprecio!,
ante las caras...
Que triste final has elegido,
que después de haber compartido hasta el infinito,
de hablarnos con una sonrisa,
de cicatrizar todas las heridas,
de brindar felicidad cuerpo a cuerpo,
lo único que me quede de ti es tu silencio,
el dolor,
el abandono,
la traición,
la soledad,
y tú, ahí, tan fría y...