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El rubor de tú gélida mirada y las vibraciones suaves de nuestra voz se han fundido con el cansancio de la noche, mis párpados deambulan exhaustos en ese ardoroso arrebato insensato que me hace ilusorio, que me hace noctívago. Me duermo y los sueños son suaves enredaderas de seda tersa que velan...
Creer es la debilidad de toda existencia,
parece que nada nos salva,
casi,
y lo que nos devuelve al martirio
es causalidad, no milagro,
nos hace esclavos, no felices,
me busque en el exterior,
haciendo una introspección en la marea,
en cada ser que deambula sin esperanza,
me encuentro...
Iluminando nuestros errores,
esperando a que se quiebre
cualquier rastro de permanencia,
dubitativo,
contando cada segundo entrelazado,
impregnado en cada mota
de un reloj que aguarda nuestra perdición,
tormentas
que alimentan la sequía del vórtice,
nos encontramos en este vacío...
Penumbras a cada paso,
se hunden en las profundidades
de un universo hueco, pero imponente,
terco vendaval del tiempo aún impotente,
porque la crudeza del vacío nunca miente,
los milenios se deshacen en su olvido,
cada vez mas lejos de la razón,
porque no hay motivo que cambie,
la muerte...
Bajo junto al sol,
la luna me espera en el horizonte,
regalando lagrimas
disfrazadas de estrellas,
melancolía en la negrura astral,
el edén y el infierno,
su dualidad se vuelve vertical,
dividiendo mar y cielo,
paraíso fértil e impoluto
que nutre este caos absoluto,
sedientos por una lluvia...