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Oh mi querido cupido,
otra vez has fracasado.
¿Seré tu caso perdido?
¿o por qué no me han amado?
Fléchame una vez más,
pero con alguien audaz.
Un intrépido caballero,
que no me suelte jamás.
Bellos enigmas se encogían en su rostro,
pequeñas gotas de rocío sobre sus ojos,
una íntima impresión, una fuerte impresión,
que habitaba en la firmeza de su corazón,
llenaban de entusiasmo intelectual,
el magnífico amanecer de su vida,
y en sus primeros tiempos, esos pasos que dio...
Mi Emperatriz es como el sol,
una luminaria a la que otras almas
tan de hombre como la mía, adoran,
le prometen templos y sacrificios,
componen canciones bajo su inspiración;
intentan demostrar más rudamente su hombría.
Yo no sabía que existía el sol,
sin embargo, sin saberlo siempre...