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Se refriega la luna, lágrimas y duelo,
le comparte la soledad al cielo,
entre añejo velo,
que será desnudez astral,
se cansa la voz del pecho,
entre susurros discretos,
de latir y de verdad,
serán las hojas en el viento,
como fluir de mar,
de oscilación perfecta,
para caer en el lugar...
Y se visten las almas de negro,
para tapar a un sol muerto,
aquel
que se quemaba en los labios de la vida,
aquel
que se encendía aún ahogado,
aquel
que su don más preciado era vivir,
se tiñen los cielos de sangre,
para parir estrellas muertas,
se tiñe el suelo de un rojo pesado...
Se busca la fuente,
más que la verdad y su tormenta,
se busca sin calma la calma,
se busca sin tiempo,
aunque soñar lleve sus siglos,
nos buscamos como charcos,
separados y juntos,
porque al final nos une la inundación,
aquellas estrellas, ahora negro despertar,
¿serán lágrimas o muerte...
Silente,
el reloj de mi mente,
se derrama lentamente,
de repente, así sin mas,
la pausa que anhelaba mi cuerpo,
se derrite de entre mis penas,
cada hueso que sostiene mi presente,
cada beso latente,
ósculos permanentes,
en la piel
que ahora es coagulación sepulcral,
sangre de carbón...
Rutinarias plegarias,
caminando en círculos,
respetando
la danza de la austeridad y el conformismo,
nos enamoramos
de lo que nos punza sin razón,
nada mas que una premisa aceptada,
soportada
por los que vislumbran la lugubridad
de este tiempo en su horizonte,
una neblina de anhelos y...