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Guardo puentes infinitos,
de suelo quebrado,
para recorrerlos una única vez,
guardo pensamientos reencontrados,
de esos que se encuentran viviendo,
y muriendo, una y otra vez,
guardo soles sin lunas,
y caos de relojes,
¿quien sabe contar el tiempo del otro?,
más que un reflejo,
en el espejo...
Oscureciendo a la noche,
entre reproches de viento,
despertando al día,
por más luz que trague,
tendrá que vomitar
la inevitable oscuridad,
seguimos,
en la senda del sueño roto,
de un espacio vacío,
que se llena con anhelos,
de un tumulto de cuerpos que crece,
entre oraciones desertoras...
Y se apagó,
el motivo del dominio,
que ejerce mi miedo,
entre cielos despechados,
la cordura arde en su última voluntad,
la paciencia del tiempo,
abraza,
a cada cimiento de viento áureo,
de cada corpóreo sentir,
se desvanece la luz,
así como sus días,
entre recuerdos cuerdos
de negra...