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El lucero del alba abandona la guardia
y la noche cede su asiento al día.
Mientras el mar despierta,
los seres de la noche se alejan.
Desorientado por aquella luz ambarina
el último de ellos ruega unos segundos más a Artemisa
para poder besar por última vez a la Luna.
Toca el alba la noche suavemente
borrando el color que la matiza;
las flores con el rocío resplandecen
y un ramo de rayos las abrigan.
Es el paisaje el adorno que embellece
el suave color que cambia vidas,
dando paso, desde el íntimo silencio
al amor que se despide con un beso.
No entiendo por que haz vuelto ahora
quizás aun te quedo la duda
si el tiempo te ha dejado muda
o solo un ruido leve lanzó al ave a volar
La brisa no quiso ser de ayuda
ya puedo verlo claro ahora
las cenizas ya marcan la hora
en que el bosque de nuevo goce respirar
El ave ya encontró otra rama...