Sabemos que este instante
no se queda… que se marcha,
que el tiempo no se detiene
ni en la más honda mirada.
Y aun así… nos elegimos
sin promesa ni muralla,
sin querer atar lo vivo
ni exigirle que se haga.
Tu mano en la mía es breve,
como todo lo que pasa,
pero en su breve latido
hay una verdad que abraza.
No tememos a la ausencia
ni al silencio que nos llama,
porque amar no es retener…
es dejar que el ser se abra.
Y si un día el horizonte
nos separa en su distancia,
quedará lo compartido
como luz que no se apaga.
Porque el tiempo no destruye
lo que el alma acompasaba,
solo cambia su presencia…
y la vuelve más callada.