Ya no te busco en el confuso
desconcierto de mis días.
Ya no arrastro,
por los senderos que abre el viento,
de mis pies, las escaldadas plantas.
Y, cuando aparece, en mis desvelos,
entre relámpagos, tu imagen
y se deshace en copiosa lluvia,
muerdo mis labios, obturo el lenguaje,
disfrazo de bonanza la tempestad
que me devora el alma...¡y no te llamo!
Aunque si, en mis sueños, tú me nombras,
todo mi ser, de amor, estalla dulcemente,
y olvido que tu olvido es ya lejano.
Saludos