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Recital de Sonetos 6
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
Hizo Dios tu poblada cabellera de un jirón de la noche tenebrosa, y tu pequeña boca primorosa de una tarde gentil de primavera.
Del astro de más brillo de la esfera tomó la luz de tu mirar la diosa, y de un alba de Abril, la pudorosa mejilla que al clavel envidia diera.
Hizo tu planta breve, de la brisa que se pasea en el vergel ameno, de un rayo de la luna tu sonrisa,
de un diáfano celaje tu albo seno; mas, ¡ay! formó tu corazón, tan solo del blanco hielo que condensa el Polo.
La mañana en el sitio
Ya la primera luz de la mañana baña el altivo monte y la colina y, cual níveo celaje, la neblina se reconcentra y flota en la sabana.
Por el techo, de verde palma cana, se filtra el humo azul de la cocina; pica, con sus polluelos, la gallina el maíz que un muchacho le desgrana.
Relincha el potro; zumba la colmena que sale en pos del néctar de las flores; cerca del surco, de impaciencia llena,
la yunta está de toros bramadores y el guajiro a la puerta de la choza, bebiendo a sorbos el café, se goza.
El componte
Ved la víctima allí. Sangran sus brazos bajo la cruel presión de las esposas; hieren su oído frases injuriosas y su espalda terrible latigazos.
Ya le arrancan las ropas a pedazos, ya le imputan mil faltas bochornosas; no son hombres: son águilas sañosas que desgarran su carne a picotazos.
Ya rodó en tierra. De su triunfo ahíta se yergue y ríe la insolente saña y en pos de nuevas víctimas se agita.
¡Cómo nos burla la cultura extraña, al ver que aún la Inquisición maldita funciona en tierras de la pobre España!
Julio Arboleda A la mudanza de la fortuna
Yo vi del rojo sol la luz serena turbarse y que en un punto desaparece su alegre faz, y en torno se oscurece el cielo, con tiniebla de horror llena.
El Austro proceloso airado suena, crece su furia, y la tormenta crece, y en los hombros d e Atlante se estremece el alto Olimpo, y con espanto truena.
Mas luego vi romperse el negro velo deshecho en agua, y a su luz primera restituirse alegre el claro día.
Y de nuevo esplendor ornado el cielo miré, y dije: ¿Quién sabe si le espera igual mudanza a la fortuna mía? Infeliz del que busca
El infeliz del que busca en la apariencia la dicha y en la efímera alabanza, y muda de opinión con la mudanza de la versátil pública conciencia!
El presente es su sola providencia; cede al soplo del viento que le lanza al bien sin fe y al mal sin esperanza; que en errar con el mundo está su ciencia.
¡Y feliz el varón independiente que, libre de mundana servidumbre, aspira entre dolor y pesadumbre
A la eterna verdad, no a la presente, conociendo que el mundo y sus verdades son sólo vanidad de vanidades!
Resto del bosque inmemorial
Resto del bosque inmemorial; testigo de mil y unicazos que la ciencia ignora, roble imperial de bóveda sonora, tiende en la plaza su ondulante abrigo.
En rumorosas pláticas consigo sus muertas hojarascas rememora: ¡cuánta fugaz generación canora labró colonias en su techo amigo!
Pasaron esos nidos y esas aves; vinieron otras aves y otros nidos y otras hojas y cantigas suaves;
y en los gajos del céfiro mecidos, vagar parecen con cadencias graves ecos dolientes de los tiempos idos.
Rafael María Baralt A Simón Bolívar (1)
Él fue quien fulminando el hierro insano recorrió de Colón el ancho mundo, dejando en pos de sí surco profundo, de gloria y triunfos su potente mano.
Truena su voz del uno al otro océano y libertad en manantial fecundo brotó la tierra que secó iracundo el hado injusto del valiente hispano.
Cinco naciones, que formó su espada, sacra aureola de perpetua lumbre a la radiante frente le ciñeron.
Y al ver la antigua afrenta ya vengada de los soberbios Andes en la cumbre las sombras de los incas sonrieron.
A un ingenio de estos tiempos
Soy incapaz, Ernesto, de engañarte:
adoro la verdad, que el bien inspira,
y contra el vicio de falaz mentira
hay en mi corazón firme baluarte.
Ernesto, Ernesto, el corazón me parte
tu inútil afanar: rompe la lira
de tus cuerdas flojas «tu razón delira;
te falta inspiración; no tiene arte.»
Pero sírvate al menos de consuelo
que, si ascender no puedes la escabrosa
cumbre del Pindo en tu cansado vuelo,
tienes en tus escritos una cosa
mira si de franqueza soy modelo,
peor aún que tus versos... y es tu prosa.
A un plagiario
Tranquilízate, amigo, tus escritos libres están de crítica y censores; pocas habrá de clásicos autores quien, docto y fiel, no los aplauda a gritos.
Conviene de buen grado los peritos en llamar a tus versos lindas flores y añaden que recuerdan sus olores a nuestros padres del Parnaso invictos.
Yo de mí sé decir que a Garcilaso. León, Rioja, en tus escritos veo y también a la estrella sin ocaso.
Divino Herrera, el hispalense Orfeo, ¿Mas que mucho bribón, si a cada paso sus versos copias y sus versos leo?
El mar
Te admiro, ¡oh mar!, si la movible arena besas rendida al pie de tu muralla, o si bramas furioso cuando estalla la ronca tempestad que al mundo atruena.
¡Cuán majestuosa y grande si serena! ¡Cuán terrible si agitas en batalla, pugnando por romper la eterna valla, con cólera de esclavo tu cadena!
Tienes, mar, como el cielo, tempestades; de mundos escogidos, prodigiosa suma infinita que tu mole oprime.
Y son tu abismo y vastas soledades, como imagen de Dios, la más grandiosa; como hechura de Dios, la más sublime.
José María Blanco White
El sol y la vida
¡Oh noche! Cuando a Adán fue revelado quién eras, y aun no vista, oyó nombrarte, ¿no temió que enlutase tu estandarte el bello alcázar de zafir dorado?
Mas ya el celaje etéreo, blanqueado del rayo occidental. Héspero parte; su hueste por los cielos se reparte, y el hombre nuevos mundos ve admirado.
¡Cuánta sombra en tus llamas ocultabas, oh Sol! ¿Quién acertara, cuando ostenta la brizna más sutil tu luz mentida,
esos orbes sin fin que nos velabas? ¡Oh mortal! Y ¿el sepulcro te amedrenta? Si engañó el Sol, ¿no engañara la vida?
La revelación interna
¿Adónde te hallaré, Ser Infinito? ¿En la más alta esfera? ¿En el profundo abismo de la mar? ¿Llenas el mundo o en especial un cielo favorito?
"¿Quieres saber, mortal, en dónde habito?", dice una voz interna. «Aunque difundo mi ser y en vida el universo inundo, mi sagrario es un pecho sin delito.
"Cesa, mortal, de fatigarte en vano tras rumores de error y de impostura, ni pongas tu virtud en rito externo;
no abuses de los dones de mi mano, no esperes cielo para un alma impura ni para el pensar libre fuego eterno."
José Cadalso
Probando que la ausencia no siempre es remedio contra el amor
Cuatro tomas de ausencia recetaron
a un enfermo de amores los doctores;
el enfermo sanó de sus amores,
y los doctores sabios se mostraron.
Otros mil ejemplares confirmaron
de la nueva receta los primeros;
los astros conocieron mis dolores, y sin duda sanarme proyectaron.
Me dieron de recetas tan divina cincuenta tomas (que tomé con tedio),
pero más me agravó la medicina,
pues tan opuesto al fin fue aqueste medio,
que agonizando mi alma, se imagina
me matará el remedio sin remedio. Naturaleza absorta en este día
Naturaleza absorta en este día contempla el precursor que del futuro abriendo el escondido seno oscuro trajo al linaje humano la alegría.
Los seres solemnizaron a porfía la paz universal que muy más puro tornó el placer y el bien muy más seguro cumpliéndose la excelsa profecía.
También celebran el placer sabroso que fundad, ¡oh Juan!, en la esperanza de nueva prole, cual su madre hermosa.
Treparán por su cuello delicioso y ella alegre por ver su semejanza posteridad donare numerosa.
Sobre el anhelo
Pierde tras el laurel su noble aliento
el héroe joven en la atroz milicia;
sepúltase en el mar por su avaricia
el necio, que engañaron mar y viento.
Hace prisión su lúgubre aposento el sabio, por saber, y por codicia el que al duro metal de la malicia fio su corazón y su contento. Por su cosecha sufre el sol ardiente el labrador, y pasa noche y día
el cazador de su familia ausente.
Yo también llevaré con alegría
cuantos sustos el orbe me presente,
sólo por agradarte, Filis mía.