Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Recital de Sonetos
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
O gran fuerza de amor, que así enflaqueces los que nacidos son para ser fuertes, y les truecas así todas sus suertes, que presto los más ricos empobreces!
O piélago de mar, que te enriqueces 5 con los despojos de infinitas muertes! Los tragas, y después luego los viertes, porque nunca en un punto permaneces.
O rayo, cuyo efecto no entendemos, que por dentro nos dejas abrasados, 10 y de fuera, sin mal, sanos nos vemos!
O dolencia mortal, cuyos extremos son menos conocidos y alcanzados por los tristes que más los padecemos!
¿Te acuerdas? El arroyo fue la serpiente buena... Fluía triste y triste como un llanto de ciego cuando en las piedras grises donde arraiga la pena como un inmenso lirio se levantó tu ruego.
Mi corazón, la piedra más gris y más serena, despertó en la caricia de la corriente y luego sintió cómo la tarde, con manos de agarena, prendía sobre él una rosa de fuego.
Y mientras la serpiente del arroyo blandía el veneno divino de la melancolía, tocada de crepúsculo me abrumó tu cabeza,
la coroné de un beso fatal, en la corriente vi pasar un cadáver de fuego... Y locamente me derrumbó en tu abrazo profundo la tristeza.
Yo muero extrañamente... No me mata la Vida, no me mata la Muerte, no me mata el Amor; muero de un pensamiento mudo como una herida. ¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor? ¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida que os abrasaba enteros y no daba fulgor...?
¡Cumbre de los Martirios...! ¡Llevar eternamente, desgarradora y árida, la trágica simiente clavada en las entrañas como un diente feroz...!
Pero arrancarla un día en una flor que abriera milagrosa, inviolable... ¡Ah, más grande no fuera tener entre las manos la cabeza de Dios!
Al que ingrato me deja, busco amante; al que amante me sigue, dejo ingrata; constante adoro a quien mi amor maltrata; maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante y soy diamante al que de amor me trata; triunfante quiero ver al que me mata y mato a quien me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo; si ruego a aquél, mi pundonor enojo: de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo por mejor partido escojo de quien no quiero, ser violento empleo, que de quien no me quiere, vil despojo.
Es algo formidable que vio la vieja raza; robusto tronco de árbol al hombro de un campeón salvaje y aguerrido, cuya fornida maza blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.
Por casco sus cabellos, su pecho por coraza, pudiera tal guerrero, de Arauco en la región lancero de los bosques, Nemrod que todo caza, desjarretar un toro, o estrangular un león.
Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.
"¡El Toqui, el Toqui!", clama la conmovida casta. Anduvo, anduvo. La aurora dijo: "Basta", e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.
En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín. En el oscuro cielo Venus bella temblando lucía, como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.
A mi alma enamorada, una reina oriental parecía, que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín, o que llevada en hombros, la profunda extensión recorría, triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.
"¡Oh reina rubia- díjele- mi alma quiere dejar su crisálida y volar hacia tí, y tus labios de fuego besar; y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar!" El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida. Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.
Un gran abrazo.
Salva.