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Una alondra dejó en mis manos tu corazón
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
Una alondra dejó en mis manos tu corazón Una noche fría, sombría de un cruel invierno en tinieblas en un bosque en horas tardías atrapado en sus sombras quedé, sin rumbo alguno, en el oscuro nocturno sin camino cierto donde escoger siguiendo el instinto de un ave que emigra a la deriva la marcha inicié, cansado y deshecho por el largo trecho las esperanzas pérdidas a dejar la vida me resigné.
Y en una ensoñación en incredente momento una luz en las penumbras que agonizante alumbra, vislumbré.
Se avivaron mis fuerzas la sangre en mis venas ardía del milagroso encuentro apuré con vigor mis pasos y era real lo que allí había una cabaña que era abandonada y solitaria que aún sus leños ardían.
Me refugie en su calidez, en la lumbre que me ofrecía concentré pensando en ti como savia de mí vida, en cascada cayeron en tropel como estampida las parábolas de tus besos las tibias lluvias de tus caricias los zorzales de tus ojos las tiernas ramas de tus abrazos en el amanecer de tu alegría en la tersura de tu piel y su calor,del Sol del mediodía.
Llegaste a mi aquel verano con el solsticio de la mano, basto una mirada y enseguida nos amamos, estas dentro de mi piel con la tempestad de tu amor tatuado, en el bosque de tus deseos en el oleaje de tus sueños en tu nombre a cada instante por mi nombrado en tus adentros te siento mía y si llegares a faltarme enseguida moriría.
Un cierzo helado y tenebroso todo mi cuerpo recorría como presagio escabroso el viento traía, aparecida no se de donde sobre un tronco, una alondra había de su pico colgaba algo que mis ojos no distinguian de los suyos dos lagrimas que con tristeza le salían, de pronto las imágenes que todo lo aclararía, la sacaron esta tarde del fondo del río llevaron su cuerpo muerto con sepulcral frío a entregarme sus despojos, esta echada en el lecho cubierta de claveles rojos y en la palidez de su cara asoma una sonrisa dedicada para mi en póstuma despedida.
Voló la alondra a mi mano y al ver lo que traía perdí completa la razón, colgado de su pico tenía palpitando su corazón.