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SOLAR POËTICO
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
Julia de Burgos se crió en Santa Cruz, pueblito humilde de la localidad de Carolina. Esto no la privaría de desarrollar su amor por la naturaleza y por su país. Siendo la mayor de todos, fue la primera de trece hermanos que cursara estudios universitarios.
Burgos publicó tres colecciones de poemas. Para sus dos primeros libros viajó por la isla, dándose a conocer y organizando sus propios recitales. Su tercer libro fue publicado póstumamente en 1954.
Se casó con Rubén Rodríguez Beauchamp, y nuevamente —en 1944, en Nueva York— con Armando Marín, pero su gran amor fue el historiador, médico y político dominicano Juan Isidro Jimenez Grullón, nieto del extinto presidente dominicano Juan Isidro Jiménez.1 Este amor le inspiraría muchos de sus poemas. Su ánimo fue bajando y cayó en el problema de alcoholismo. El 6 de julio de 1953 se desplomó sobre una acera neoyorquina y murió de pulmonía en un hospital del barrio de Harlem, Nueva York a la edad de 39 años. Debido a que nadie reclamó su cuerpo y a que no llevaba ninguna identificación, la ciudad la enterró bajo el nombre de "Jane Doe". Algunos de sus amigos, capaces de rastrearla y encontrar su tumba, reclamaron su cuerpo. Sus restos fueron enviados a Puerto Rico. Fue solemnemente enterrada en Carolina y se elevó un monumento en el lugar del sepelio.
Entre los trabajos destacados de Julia de Burgos se encuentran: "Río Grande de Loíza", "Poema para mi muerte", "Yo misma fui mi ruta", "Alba de mi silencio" y "Alta mar y gaviota".
Vivió dos años en Cuba, que quedan registrados en la correspondencia de la poeta con su hermana.3 En La Habana estudió griego, latín y Francés1
Raro que no me sigan centenares de pájaros
Picoteando canciones sobre mi sombrilla blanca.
(¿Será que van cercando, en vigilia de nubes,
La claridad inmensa donde avanza mi alma?)
Raro que no me carguen pálidas margaritas
Por la ruta amorosa que han tomado mis alas.
(¿Será que están llorando a su hermana más triste,
Que en silencio se ha ido a la hora del alba?)
Raro que no me vista de novia la más leve
De aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia.
(¿Será que entre los árboles va enseñando a mi amado
Los surcos inocentes por donde anduve, casta?)
Raro que no me tire su emoción el rocío,
En gotas donde asome risueña la mañana.
(¿Será que por el surco de angustia del pasado,
Con agua generosa mis decepciones baña?)
¿Soy una amanecida del amor?
En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos,
Y muchos sueños blancos, y emociones aladas.
Raro que no me entienda el hombre, conturbado
Por la mano sencilla que recogió mi alma.
(¿Será que en él la noche se deshoja más lenta,
O tal vez no comprenda la emoción depurada?)
Soy ola de abandono,
Derribada, tendida,
Sobre un inmenso azul de sueños y de alas.
Tú danzas por el agua redonda de mis ojos
Con la canción más fresca colgando de tus labios.
¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte
Por mis brazos mojados,
Y no quiero perderte ni en la sílaba!
Yo fui un día la gaviota más ave de tu vida.
Mis pasos fueron siempre enigma de los pájaros.
Yo fui un día la más honda de tus edades íntimas.
El universo entero cruzaba por mis manos.
¡Oh día de sueño y ola;
Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron.
Y pasó la mañana,
Y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio
Y pasó la alba noche resbalando en los astros,
Exhibiéndose en pétalos
Y pasó mi letargo...
Recuerdo que al mirarme con la voz derrotada,
Las dos manos del cielo me cerraron los párpados.
Fue tan sólo una ráfaga,
Una ráfaga húmeda que cortó mi sonrisa
Y me izó en los crepúsculos entre caras de espanto.
Tú nadabas mis olas retardadas e inútiles,
Y por poco me parto de dolor esperando.
Pero llegaste, fértil,
Más intacto y más blanco.
Y me llevaste, épico,
Venciéndote en ti mismo los caminos cerrados.
Hoy anda mi caricia
Derribada, tendida,
Sobre un inmenso azul de sueños con mañana.
Soy ola de abandono,
Y tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas.
¡Amante, la ternura desgaja mis sentidos...
Yo misma soy un sueño remando por tus aguas!
Se recogió la vida para verme pasar.
Me fui perdiendo átomo por átomo de mi carne
Y fui resbalándome poco a poco al alma.
Peregrina en mí misma, me anduve un largo instante.
Me prolongué en el rumbo de aquel camino errante
Que se abría en mi interior,
Y me llegué hasta mí, íntima.
Conmigo cabalgando seguí por la sombra del tiempo
Y me hice paisaje lejos de mi visión.
Me conocí mensaje lejos de la palabra.
Me sentí vida al reverso de una superficie de colores y formas.
Y me vi claridad ahuyentando la sombra vaciada en la tierra desde el
Hombre.
2
Ha sonado un reloj la hora escogida de todos.
¿La hora? Cualquiera. Todas en una misma.
Las cosas circundantes reconquistan color y forma.
Los hombres se mueven ajenos a sí mismos
Para agarrar ese minuto índice
Que los conduce por varias direcciones estáticas.
Siempre la misma carne apretándose muda a lo ya hecho.
Me busco. Estoy aún en el paisaje lejos de mi visión.
Sigo siendo mensaje lejos de la palabra.
La forma que se aleja y que fue mía un instante
Me ha dejado íntima.
Y me veo claridad ahuyentando la sombra
Vaciada en la tierra desde el hombre.